“No sé si es cansancio, madurez o resignación, pero hay cosas que ya no quiero discutir más.”
—
Jaime Sabines
“No sé si es cansancio, madurez o resignación, pero hay cosas que ya no quiero discutir más.”
—
Jaime Sabines
Satanás
Cobrizo
¿Puedo acostarme en tu pecho?, tan pálido y tan inerte, oleadas de viento chocan dentro de él, esperando escapar de ese violento cuerpo, petrificado de anomalías seductoras, de violencias explicitas, que nadie observo. La soledad de la sexualidad cobijada de olores corporales del deseo y la pasión, inyectados con tinta roja que ha fluido al sacudir tu cuerpo.
Tu delgado cuello, a besado mis manos, impidiendo cada vez más que tu corta voz fluya en curvaturas orgásmicas que gimen en tu interior.
Cuerpo vulnerable, me confunde tu piel, me confunde tu carne, delgas costillas, sufren el hostigamiento, luchan sin descanso, con pequeñas bocanadas de suplicas respiratorias cuando hundo mi miembro. Oh querida, la violencia ha sido nuestra atmósfera, tus gruesas piernas retumban en la habitación, mi vista se deleita, nuestros cuerpos han pactado una guerra, sin piedad y sin miseria, tu vagina me susurra una tregua, tus ojos navegan la locura del temblor de tus labios. Oh querida, la botella de vino nos observa, las ventanas le dan vista a las estrellas, ¿Cuál fue nuestra consigna?.
Separadas
“Mi viejo, mi buen amigo, no olvidemos que las pequeñas emociones son los grandes capitanes de nuestras vidas y que las obedecemos sin saberlo.”
— Cartas desde la locura ~ Vincent Van Gogh
Hilo
Inquietudes arribistas e involuntarias me convencieron de subirme, tus ojos apuntaron directo a un rostro perdido y usado, tus ojos se convirtieron en véngalas que apuntaban hacia mí, me miraste como presa, me miraste con arrullo, me miraste y me arrancaste un pedazo de alma.
Tus ojos reaccionarios, volvieron de una absorción pulmonar y espacial del movimiento, te sentaste desconcertada, tus labios se partieron en forma de una curva dolorosa, tus ojos se agacharon y envejecieron su tranquilidad, le dieron la oportunidad a una lagrima flotar, lloraste desconsolada , hundiéndote en tus hombros, sola, perdiste tu cabida, te hundiste en lo incontrolable, y no reaccionabas a lo predecible, te abandonaron en lo invisible, puede que antes, pero hoy, vi tu incógnita muerte de tu anonimidad
Poco puedo decir de ti, té vi descansar, desapegada de aquí, no te importaba no asistir, tu cara enflaquecida rosaba con la ventana, y te acariciaba tu pelo artificial, pocas veces subiste la mirada, una loca sentada, en serenidad hipócrita del silencio.
Te hablo de un futuro, lo acontecido se derramo en este mantel, de los secretos que lloraron los caminos difundidos en un papel, lágrimas negras le dieron color, abusos solidarios de gritos acechados por fruncidos ojos de maldad, sonrieron la mentira de la posesión, hoy la paz se interrumpido, en besos adormecidos de delgados labios y saliva espesa, de pasión a soles de tarde, de la danza de tu pelo en ríos salvajes de atentos ojos, en la furia de este imperio.
He transgredido la fortaleza de los espacios, me he vinculado a los tormentosos viajes en el tiempo, y he aterrizado en la más profunda soledad, inherente del mundo me encuentro, abandonado en visualizaciones planas de un desierto ensimismado de una terrible realidad.
No comprendo mis pasos, mis inquietudes, la delirante ansiedad del no ver a nadie, de no oír un grito desesperado que clame un nombre, un verbo.
La comprensión ha fracasado en su último intento, expectativas prodigiosas, mentirosas, desangran al puñal, que miraba con cara áspera y artificial, un dilema anticipado de una verdad
Colapsan los pulmones, de un fluir de aire, que inicia con la llama, que desgarra las pupilas de un segundo de placer, tan profundo para los espectadores, que no existen, que no sintieron, la mano deslizada por un pulgar.
Empapado y seco, de la angustia de mis ojos, dispersos y desilusionados, tranquilos inoperantes, lamen las paredes.
Innecesarias lagrimas que hoy son impensables en este apaciguamiento invasor, no oíste la sinfónica melodía de una trágica guitarra en los automóviles que transcurrían afrenté de ese viejo muro, tu espalda delineo un “nunca más”, confundido de necedades y necesidades. librarse, guerreros míos, librarse, acontecimientos de pequeños tejidos de piel que revientan en un pobre muro, saliva de tintes extraordinarios, desperdiciados. Armagedón imaginario, tensa guitarra se disuelve en azúcar y sal por la superficie del exilio. Lejano amigo mío, Everything means nothing to me
Hoy no tengo nada que decir, hace mucho tiempo no me sentía tan vencido, hoy no tengo nada que decir, despierto y arrastrado, ya no valen de nada las palabras, hoy no tengo nada que decir, no sé ni que sentir, puesto de duda, al norte de la ciudad, faros y veleros de tristezas y anarquías, pocillos de café cerreros en palabras de mi vieja, fríos abandonados, porque ya no cargas mi mano, hoy no tengo nada que decir.
Intoxicaciones matutinas, has de mi un habito, asesíname de piedad, que me duerma en tus brazos, despiértame mirando un rojo vacío, sin fronteras, de llamas negras y corazones baldíos, árbol solitario que, en mi grito, asoma desquiciadamente, por una ventana, sus retoños perdidos, mientras silba la agonía de una lejanía.
